Mi trabajo: editor
Todo manuscrito es una versión de muchas otras posibles. Cuando se escribe, es difícil saber si se está transmitiendo realmente lo que se desea. Entre las ideas y las palabras hay una distancia difícil de calcular para quien puede llevar meses o años sumergido en ese proceso creativo. Editar se trata de ser un lector con el encargo de generar el mejor punto de encuentro entre los deseos de quien escribe y un texto.
En el caso de El fantástico sueño de aniquilar esto, de Giacomo Roncagliolo, ese trabajo tomó alrededor de 18 sesiones de aproximadamente tres o cuatro horas cada una durante un lapso de 3 meses en los cuales también se dieron incontables idas y vueltas de versiones escritas comentadas.
Primero realicé un informe editorial en el que se indicó las fortalezas de la historia, se sugirió qué aspectos podían mejorar y se propuso un esquema de trabajo para intentarlo.
Una vez aceptada la propuesta, atendimos modificaciones de los aspectos generales de la novela y, luego, atravesamos minuciosamente el texto, capítulo por capítulo, párrafo por párrafo, para analizar cada detalle y probar distintas posibilidades hasta que el autor esté satisfecho con la versión final del texto.
¿Es necesario que determinado hecho sea el centro de la novela? ¿Tal escena transmite realmente la emocionalidad indicada? ¿Cómo hacer que el lector no se pierda en una historia con distintos planos de tiempos y personajes que se entrecruzan? ¿Cómo lograr destrabar tabúes y profundizar en ellos sin caer en lugares comunes meramente provocativos? ¿Qué oraciones podrían potenciarse si cambiamos una palabra o su orden?
En todo el proceso, fue el autor quien tuvo las decisiones finales sobre su propio texto.
El trabajo editorial por fuera del texto en sí estuvo a cargo de Penguin Ramdom House.